En mi primer miércoles en Bogotá fui a la apertura de la exposición Autorretrato Disfrazado: arte conceptual y fotografía en Colombia, en la Casa Republicana, en los mapas de Google sale que está ubicada en algún lugar dentro de la Alcaldía, pero en verdad es una casa vieja y colonial rodeada y solo accesible por la BLAA, la Biblioteca Luis Ángel Arango, el complejo inmenso y moderno patrocinado por o propiedad del Banco de República.  (La relación entre el Banco de República y las instituciones culturales de Bogotá es para mí un gran misterio .…). La BLAA es el raro ejemplo de arquitectura contemporánea que parece tener el nivel exactamente propio de personas que la visitan: hay actividades en todas partes, personas ocupadas con los recursos, pero también en todas partes hay espacio y aire. O era así ese miércoles.  La Casa Republicana funciona, aparentemente, como un mini-museo del arte dentro la BLAA.

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La apertura estaba atendida por una mini-multitud de tipos del mundo de arte: los bohemios, los academicos, los sofisticados y los estudiantes con lentes grandes, actitudes serias y ropa negra. Sin embargo, no había pretenciosos; todos tenían un interés genuino en el arte, o me parece así. El curador, un hombre desarreglado y carismático, guió el gentío por las pequeñas galerías, y por 40 minutos, este espacio estaba lleno, o tetiado, come se dice aquí.

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La exposición en sí captura un momento en la historia del arte colombiano, los 70s, en que los artistas (y todos los artistas en la exposición son hombres) empiezan a usar fotografía enuna nueva manera. Los artistas conceptuales, no necesariamente "fotografistas" buscaban un medio para la documentación de ideas y procesos. La fotografía, en mayor parte en blanco y negro y creado por técnicas baratas, les ofrecieron tal método.  Las limitaciones de esta clase de fotografía --la falta de color, los pequeños tamaños, la posibilidad y dificultad al mismo tiempo de reproducción-- habrán sido atractivas a estos artistas. No vamos a proveer nuestra audiencia con una fuga hacia la belleza, ellos habrán pensado, vamos a retar nuestra audiencia a pensar.  

El artista quien da a la exposición su nombre, y quien se representa por el número más grande de obras, es Camilo Lleras. Algunas de sus imagenes parecen anticuadas hoy (homenajes pálidos a las peliculas de Jean-Luc Godard y al arte de los álbumes de Beatles),  pero una de sus obras es la mejor en la exposición.

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Desafortunadamente para el tema de la exposición, Triángulo Prohibido no es una foto conceptual como tal; es, más bién, un instante decisivo, en la tradición de Cartier-Bresson, una obra que vive en el borde entre periodismo y arte. Según la etiqueta en la exposición, el tanque tenía que ver con las elecciones colombianas de 1970; según el internet, la película Triángulo Prohibido era una comedia del sexo de Inglaterra (Three into Two Won't Go), una colaboración entre algunos grandes talentos de la época (Peter Hall, Rod Steiger, Claire Bloom, Edna O'Brien) que ahora parece, para algunas de las sensibilidades de hoy, atroz. Ni la etiqueta ni la red revela mucho acerca de la criada risueña.

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En la exposición hay muchas series de fotos, las velas ardientes, las paredes se están pintando, las manos se están estrechando. En mi mente se formó una serie de series: imagenes de Cristo quemando a cenizas (Juan Camilo Uribe), una vela de la Virgen quemando a un charco de cera (Ignacio Caro), y una solapa de Fleurs du Mal por Charles Baudelaire quemando y quemado.

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Esta serie de series parece decir: venerar es quemar, si el objeto de veneración sea la Virgen, el Cristo, o el poeta del mal.

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