La semana pasada, empecé una vez más a trabajar en mi proyecto (Mi Camino a Canossa, inglés: My Way To Canossa). Hay un nuevo pensamiento en mi mente: es posible ver el final.

Por los últimos cinco años, he tenido dos proyectos, más o menos compitiendo por mi tiempo libre: aprender español y MWTC. A veces alternaba entre los dos (unos meses escribiendo, unos meses estudiando). En 2014, empecé este "blog de proceso" como una táctica para compaginar mis esfuerzos y resolver (o mitigar) la competición.

Ademas del asunto del tiempo, había un problema interno en MWTC: no podía imaginar finalizar el proyecto. Una de las cuatro partes del proyecto, las hebras de la historia, es un blog de un hombre que está haciendo el paseo a Canossa en una furgoneta con los viajeros originales. (Es un viaje anacrónico, claro.) Pero después de cinco años, el blogger solo viajó un día y un noche. Para él, el tiempo parece ralentizarse. Una noche en Estrasburgo parece como si durarara para siempre.

En abril de este año, tuve una idea: el blogger, como todos los bloggers de la tierra (o por lo menos, la mayoría), abandonaría su blog después un inicio muy fuerte. No pasa nada por la trama de su cuento, porque los sucesos son predeterminados -- son los mismos sucesos del paseo de Canossa, trasladado a nuestra época. De las cuatro versiones del paseo a Canossa presentadas e investigadas en MWTC, la versión del blogger es, irónicamente, la más precisa. En otras palabras, no tengo que seguir con la broma de anacronismo sólo para la estructura del cuento; en verdad, sería mejor si el voz de blogger reaparezca con disculpas, describa el resto del viaje en resumen, y más importante, relate las consecuencia del viaje en su vida. Y con estos cambios en mi plan, puedo divisar el proyecto consumado.