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Había una cosa rara en la página sobre el apartamento en Airbnb, el apartamento que yo había alquilado en Medellín: se ve que el dueño, el anfitrión —un hombre que voy a llamar E—  no vivía en Colombia, sino en Chile. Su número de teléfono tenía el código de Chile. Pero siempre respondía muy rápido a cualquier pregunta o mensaje que yo enviaba por el app de Airbnb. Su mensaje de bienvenida, con los detalles para mi llegada, decía que dos vecinos, N y G, me encontrarían y me ayudarían con cualquier pregunta. Pero a menudo E usaba las formas de nosotros: “Te esperemos,” el escribió, cuando le envié la noticia que el avión ya había llegado.

Cuando el taxi blanco me dejó en la puerta del apartamento, por un momento parecía que nadie había para acogerme. Entonces, oí la voz de una mujer, diciendo “Dave…. Dave….” ¿Llamandome?  Miré arriba y ví a una mujer que se asomaba de la terraza.  Supuse que fue N. Un momentico después un hombre salió de la puerta a lado de la mía. Era G, un tipo de edad media muy amable. Me dio las llaves, me mostró como funcionaba la puerta, y luego todo el apartamento, que parece exactamente como las fotos en Airbnb. Me ofreció darme una gira rápida por la vecindad, y la acepté. Antes de comenzar nuestro camino por La Setenta en su faceta de la siete de la noche del sábado, le pregunté a G sobre E.

— ¿Es E el propietario? ¿Entonces, tú y tu esposa son — ?

— No, no, dijo. Mi esposa y yo somos los dueños. O mejor dicho, mi padre.

E era un amigo suyo, un hombre más joven, un ingeniero quien vivía ahora en Chile. E estaba conectado al internet todo el tiempo, y resultó lógico que él gestionara toda la parte virtual del negocio de Airbnb. Para N y G, E era un agente independiente de Airbnb, podría decirse.

Ya que esta pareja y este hombre han divisado un arreglo basado en dos clases de presencia y disponibilidad. E estaba siempre presente y disponible en internet, pero muy lejos al punto de imposibilitar el contacto físico; N y G estaban siempre en casa, con el cuidado y la preocupación de los dueños que alquilan el espacio debajo de donde viven, pero a menudo estaban desconectados del internet, y si fuera su responsabilidad, podría ser demasiado tarde para responder a las preguntas sobre el apartamento.

Es un arreglo, una división laboral por antonomasia de nuestro tiempo. De esta manera, los tres funcionan como un anfitrión muy atento.

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