Read in English: The Night of the Radishes

Segun mi cuenta, hay nueve cuadrados anidados en el Zócalo en la Noche de las Rábanos:

  1. El más exterior: los cafés con mesas afuera, la mayoría conectadas a hoteles caros pero incluyendo algunas de cadenas de mediana costo o de bajo costo (Subway, Italian Coffee Company y otros lugares que usan frases en inglés por su marca en español). En los restaurantes elegantes, los meseros discretamente evitan a los vendedores de la calle; en las mesas de las cadenas, los vendedores negocian persistentemente con los clientes.
  2. La parte exterior de las  calles rodeando el Zócalo, las que por esta noche son peatonales exclusivamente. Aquí hay mucha gente y el movimiento es difícil,  pero el acceso está abierto. La policía está en todas partes. Hay una fila de personas (especialmente extranjeros altos, como yo)  quienes intentan mirar y fotografiar por encima de hombros de la gente quien había esperado en fila por horas para observar los rábanos tallados en la manera aprobada.
  3. La primera barricada: blanca, metallica y conectada.
  4. El concurso de observación más exterior: una plataforma elevada, quizás medio metro de alto. Parece el lugar aprobada para observar los rábanos tallados.
  5. La segunda barricada: blanca, metallica y conectada.
  6. El concurso de observación más interior, al nivel de la calle. En unas partes del Zócalo, acceso a este concurso parece regulado con mucho rigor: ¿solamente los ancianos? ¿los discapacitados? ¿los importantes? Es dificíl decir. En otras partes, este concurso está lleno de personas.
  7. El próximo cuadrado contiene la razón por todo esta emoción: un anillo de mesas construido de contrachapado especialmente por esta noche. Encima de las mesas son exposiciones de rábanos gigantes tallados en figuras representando varios temas: el Nacimiento, por supuesto, y La Virgen, pero también la historia de México, la mitología de México, la cultura popular y todo lo que el rábano se haya inspirado en el artesano.  Por encima de cada exposición hay un sótano pequeño, también construido de contrachapado. Colgando en frente hay un signo descriptivo y imprimido oficialmente de la oficina te turismo de Oaxaca, con el nombre del artesano y una descripción del tema.
  8. Siguiente es un anilla de sillas plegables, en que están sentados los artesanos sus mismos (o sus parientes).
  9. Finalmente, en la posición más interior, el cuadrado centro:  el Zócalo su mismo, un cuadrado elevado y público (o diseñado ser público),  donde los miembros de la sección más radical del sindicato de los maestros están acampados en una manifestación semi-permanente. Hay docenas de tiendas de campañà en todas partes, los rostros de los 43 normalistas desaparecidos colgados de cuerdas arriba, la glorieta central cubierta con carteles gigantes: manifiestos y los rostros de las víctimas de injusticias pasadas.  Esta noche, la parte interior del Zócalo está cerrado al público, y así que se ha convertido en una fiesta privada, guardaba por la policía y los oficiales de la oficina de turismo y limitada a los artesanos y los maestros en huelga: una sala de VIPs con reglas por una entrada muy Mexicana.


La oportunidad para fotos: la gente de Oaxaca posa con los rábanos gigantes.

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Cuando Javier era niño, le gustaba quemar los cuetes (como se dice los fuegos artificiales en México). O sea, le gustaba hasta la edad de 15 años. En la Navidad cuando tenía 15 años, sus padres fueron de compras por la cena de la Navidad. Javier estaba solo en casa. Tenía ganas de quemar cuetes. No había primos o amigos o hermanos cerca, pero tenía ganas de quemar los cuetes. Su hermana había comprado algunos meses antes un paquete de cuetes de China, cuetes muy fuertes, un paquete que contenía 40 cuetes. Javier estaba solo, y decidió que quemaría dos de los cuetes de su hermana. Halló el paquete y los cerillos y los trajo afuera.

Sacó dos cuetes del paquete, y trato de meter el resto en el bolsillo. Pero sus pantalones estaban bastante ajustados en este año y tuvo mucha dificultad. Al final, logró ajustar los otros 38 cuetes en el bolsillo izquierdo de los pantalones. Entonces agarró los cerrillos con la mano derecha, los frotó, y quemó los dos cuetes en la mano derecha. Fue muy divertido y le gustó.

Entonces trató de guardar los cerillos en el mismo bolsillo con los 38 cuetes. Pero sus pantalones estaban tan ajustados que los cerillos se frotaron en su bolsillo y los cuetes se quemaron. En el bolsillo. Todos. ¡Bum! ¡Bum! ¡Bum! ¡Bum! ¡Bum! … 38 veces.

Cuando las explosiones ya terminaron, Javier estaba muy asustado, más asustado que el dolor. Los cuetes habían cortado un hueco en sus pantalones, aproximadamente el tamaño del bolsillo.

Todavía estaba solo.  Nadie en casa con él. Se quitó los pantalones y se miró la pierna. Había una mancha bastante grande, roja e hinchada, pero no habia sangre ni ampolla. Así que frotó la pomada en la mancha, se puso otros pantalones y tiró los quemados.

Cuando sus padres regresaron, su padre le dijo:

--¿Qué pasó, Javier?

--Nada.

--Te ves mal...

--No, solo estoy un poco triste y sentimental. Pienso de la la Navidad. Todas las Navidades. El pasado.

--Pero pareces asustado… ¿Ocurrió algo?

--Solo estoy triste.

Su padre olió el aire.

--¿Qué es este olor? ¿Cuetes?

--Ah sí. Quemé cuetes. Solo dos.

Su padre aceptó la explicación y la familia se adelantó con las preparaciones para la cena de la Navidad.

Poco a poco, la herida se fue curando, y después de un mes la pierna estaba normal.

Unos meses más tarde, la hermana de Javier le preguntó si habia visto sus cuetes, el paquete de China.

--No, no los he visto.

--¿De veras?

--Sí, no se donde están.

--Pues -- dijo la hermana-- eran cuetes viejos. Probablemente no funcionan nada más.

Por eso desde la edad de quince, a Javier no le han gustado los cuetes. Sus amigos le pedían que los quemaran, pero les decía a sus amigos que no, a él no le gustaban.  Y hasta hoy mismo cuando oye los cuetes, la pierna todavía le duele.

Over two days, I spent about five hours in this impressionante place. According to one of the exhibits, when the Bourbons took over the Spanish throne in the late 18th Century, they decided that the the religion of Mexico was no longer orthodox Christianity, but a syncretism of Catholicism and indigenous belief. Well that new religion certainly knew how to build temples. I only took a few photos, mostly of the building, and one of an artifact (see below).


One of the cloisters


View of the Cathedral and the Botanical Gardens


Panorama of the Cathedral and the Botanical Gardens. Click image for larger size.


The star of the museum -- the decorated skull from Tomb 6 at Monte Alban.

The dogs here are very relaxed, that is, when they aren't on leashes or behind gates or bars. (In that case, they are just as territorial and aggressive as as guard dogs anywhere.) These two are quite secure in their place in the world.





The most interesting to this human -- precisely because they are not interested in me -- are the street dogs. No son salvajes (They aren't wild) -- Imelva told me on the day I arrived -- son callejeros (those who live in the street). This callejero poses with a what's left of a street art portrait of another callejero.